El imperio de los tontos canicas artículos prensa

Uno de los intelectuales que más admiro lo afirma con regularidad y precisión digna del más afilado bisturí: los peores no son los malvados, sino los tontos. Los malvados al menos saben lo que hacen; los tontos, en cambio, actúan sin pensar, multiplicando el daño inconscientemente. La historia lo demuestra: dictadores, autócratas, fanáticos y corruptos no llegarían lejos sin el apoyo de esas legiones ciegas, crédulas e ignorantes, dispuestas a seguir promesas que además pocas veces verán hechas realidad. El mal precisa organización; la estupidez solo aplausos a dos manos y si son a cinco dedos por mano, mejor.

Vivimos la era dorada de los tontos. Las redes sociales les dan voz, púlpito y respaldo casi militar. Cualquiera pontifica siendo un cateto o destruye reputaciones en segundos con atrevimiento e imprudencia terrorífica, acciones que atemorizan pensando en lo bajo que llegan a caer algunos especímenes del que, supuestamente, dicen que es el ser vivo más inteligente de la tierra. Se sienten héroes berreando a favor de causas que no entienden ni menos aún saben explicar; les basta repetir bramidos patéticos, carentes de fuste, para sentirse alguien, quizás simplemente algo. Reivindican con orgullo su pertenencia a colectivos de analfabetos, al tiempo que gritan sin saber conjugar y menos ejercitar el verbo debatir. Reproducen, festejan y hacen virtud de la estupidez. ¿Mediocridad con influencers? ¡Insulto como valentía cobarde!

La sociedad premia a tontos por encima de sensatos, cultos, prudentes o emprendedores. El realismo es actualmente sospechoso; la prudencia cada día crea más cobardes lícitos. El ruido digital manda; la razón cae. Queda, al menos, un hilo de esperanza: Sabido es que todas las civilizaciones hundidas lo han hecho merced a los propios tontos de guardia que con entusiasmo las custodiaban. ¿Resistencia? Sí, y no dejarse amedrentar; pensar como rebeldía, hablar claro y sin gritos. Ah, y esperar, esperar sin perder la paz ni la sonrisa; porque cada vez que abren la boca, aumentan sus rivales. Ellos solitos caerán.

LA TRIBUNA DE CUENCA