Cristóbal Prieto Ortiz AÑEJAS SONADAS OLCADES 1
Desde los 8 años, el violonchelo forma parte de la vida de Cristóbal, siendo profesor del conservatorio de Málaga.

El chelista que abraza la vida con cuerdas y voz

Cristóbal Prieto vive la música como un hobbit su condado: con sencillez profunda y cariño inmenso por lo esencial. Violonchelista conquense, profesor desde hace años en el Conservatorio Manuel Carra de Málaga, teje regularmente su existencia entre notas que emocionan, una familia que ilumina y un espíritu que renace, con los mismos bríos e inquietudes, una y otra vez. Su historia, contada con calidez en primera persona, revela un alma sensible que encuentra en el arte la llave para que lo humano avance hacia la solemnidad.

Infancia musical en Cuenca

Crece Cristóbal en un hogar conquense donde la zarzuela suena en la radio. «Crecí en un hogar donde siempre había música: mis abuelos escuchaban zarzuela en la radio y mi madre y mi tía se las sabían todas», recuerda con equiparables dosis de ternura, nostalgia, ilusión y pasión. A los ocho años, motivado por su madre, quien pocos años antes le cantaba nanas, elige el violonchelo en el conservatorio conquense, iniciándose en tan apasionante instrumento con su profesor Francisco González. Regularmente, su padre, incansable, accede a su particular reino musical preocupado por una cuestión de vital trascendencia: «¿Has practicado, has estudiado lo suficiente?». Aún recuerda hoy Cristóbal tales muestras de preocupación, trasladadas a él cariñosa y exigentemente, salvándolo así de abandonar unos estudios que demandan tanta constancia.

Adolescencia en el coro y decisiones vitales

Desde los 12 años, y hasta los 27, la sección infantil o Coro de Niños del Coro Alonso Lobo marcará su adolescencia con paradas y vivencias fundamentales en tan apasionante etapa. Con dicha agrupación, compartiendo experiencias con primos que hacen lo propio en el coro senior, descubre el maravilloso gozo que se experimenta al cantar y tocar con amigos. Al tiempo, las actividades que en esos tiempos organiza el conservatorio conquense le ofrecen la posibilidad de, con su violonchelo, ofrecer no pocos recitales en localidades de la provincia sorprendido por vivencias que, el todavía niño, experimenta sin esperar. «Todavía recuerdo el catering que nos dieron tras un concierto que ofrecimos en Valdeolivas… con solomillo, jamón, langostinos, algo que ¡solo veía en mi casa en Navidad, jajaja!». Son tiempo en los que, aunque ama las matemáticas y es un forofo del programa Cifras y letras, opta por la música como compañera definitiva de vida, experimentando una cada vez más creciente seducción concretamente por la música de cámara.

Cristóbal Prieto Ortiz AÑEJAS SONADAS OLCADES 2
El rugby es una de esas pasiones a las que Cristóbal dedicado una parte de su tiempo.

Formación superior y horizontes europeos

En el periodo formativo que después experimenta en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid toca como solista, forma parte de cuartetos y brilla en la Joven Orquesta Nacional de España (JONDE) y la Joven Orquesta de la Unión Europea (EUYO), rodeado de músicos excepcionales. «En esa época empecé a estudiar también en el extranjero, lo que me aportó la madurez y autonomía que necesitaba, tanto en lo musical como en lo humano. Alemania fue mi destino preferido y entre muchos profesores disfruté de haber podido aprender de Wolfgang Boettcher durante varios años. La vida musical de Berlín me fascinó».

Renacer con voz y cámara

Hoy, goza con su pasión suprema: «Lo que más disfruto ahora es la música de cámara; para mí es lo más bonito que hay». Colabora en orquestas como la Iberian Sinfonietta de Málaga, grupos antiguos y su dúo con piano. Además, desde 2015 el canto lírico en el conservatorio malagueño lo libera: «El canto te dice quién eres —reflexiona—, un renacer exigente que une cuerpo y emoción». Ama a Bach por completo; le emociona el Requiem de Mozart, se queda subyugado con los cuartetos de Beethoven o con la obra sinfónica mahleriana, sin olvidar la zarzuela, el heavy metal, Blind Guardian o Loreena McKennitt.

Enseñanza, familia y pasiones vitales

Autodidacta empedernido, enseña violonchelo desde 2010 en Málaga, aprendiendo de sus alumnos, embebido por la metodología Suzuki, al tiempo que devora Tolkien, lee regularmente novelas de fantasía, es un apasionado del rugby —«como espectador, por respeto a mi cuerpo»— y sobre todo vive por y para su familia: su mujer y sus hijas de 10 y 6 años, con quienes participa en juegos de mesa, monta en bicicleta y realiza lecturas compartidas. «Pasar tiempo con mi familia… es un pequeño placer que cada vez disfruto más al ver que crecen».

Cristóbal Prieto Ortiz AÑEJAS SONADAS OLCADES 3
Actualmente concluye la carrera superior de Canto.

Cristóbal Prieto Ortiz (Cuenca, 1984) es un destacado violonchelista, al tiempo que cantante. Como solista vocal ha interpretado la Misa de la Coronación de Mozart, Miserere de Ocón, Réquiems de Fauré y Mozart, y ha asumido diversos roles operísticos como Figaro, Don Giovanni, Escamillo o Aquila en Giulio Cesare de Händel. Ha ofrecido recitales en el Museo Picasso, Ateneo de Málaga y Parador de Cuenca, además de giras por Francia con la Orquesta del CEEM. Como coralista, participó 15 años en el Coro Alonso Lobo y en grupos como Resonare Fibris y el Coro de Ópera de Málaga. En calidad de violonchelista, ha actuado en salas como el Konzerthaus de Berlín y Concertgebouw de Ámsterdam, en países como Japón o China. Ganador del I Premio Jóvenes Artistas de Castilla-La Mancha 2004, estudió en Berlín con Wolfgang Boettcher. Miembro de EUYO y JONDE, desde 2010 es profesor del conservatorio de Málaga, violonchelo solista de la Sinfónica de Málaga y de la Iberian Sinfonietta, al tiempo que toca música barroca con agrupaciones antiguas. Actualmente finaliza sus estudios superiores de Canto en el Conservatorio superior de Málaga.

LA TRIBUNA DE CUENCA