BRAGAS TORMENTA LEYENDA canicas artículos prensa

BRAGAS TORMENTA LEYENDA canicas artículos prensa
Jamás olvidaré el día en que convertí a un casi desconocido en el protagonista de una escena berlangiana. Aquel verano, siendo yo estudiante y en Los Palancares, trabajé como expedicionario en un campamento con cientos de chicas hijas de policías. Entre nosotros había un chico retraído, hijo de un alto cargo que, a diferencia de los demás, no había ido a sacarse unas pesetillas sino a aprender a desenvolverse en el mundo real dado que el suyo giraba en torno a una sobreprotección materna desmesurada.
El último día, tras evacuar a todas las chicas a causa de una tormenta apocalíptica, nos tocó recoger enseres, ropa abandonada, etc. todo inutilizado por el desastre vivido. Movido por ese humor adolescente que hace cohabitar ingenio y travesura, recogí toda la ropa interior que encontré y, sin más, la metí en una bolsa que acabó en la mochila de nuestro singular compañero segundos antes de subirse al autobús para volver a casa. Semanas después nos reunimos en Madrid aquel grupo de currantes y, con cara de asombro, nos relató su particular apocalipsis. Su madre, la verdadera autoridad en casa, al llegar le había deshecho la mochila y al encontrar una bolsa con más de 30 bragas le gritó: «¡Pervertido, degenerado!». El chico, lívido, se quedó desconcertado. Por lo visto, a su padre le dio un ataque de risa y abandonó la escena antes de que su mujer cargase también contra él.
Hoy sigo sin saber si con aquella vivencia aprendí más sobre la naturaleza humana o sobre los límites del humor. Pero si algo tengo claro es que, en el fondo, la vida puede llegar a ser una comedia de enredos. Basta una bolsa de ropa interior y una madre con excesivo carácter para convertir a un pobre chico en leyenda. Nunca le confesé mi autoría; preferí que él mismo responsabilizase a su potencial alter ego. Y cada vez que pienso en la escena que debió vivir no puedo evitar imaginarme a su padre, comandante de la Policía Nacional, huyendo de la cocina mientras su madre, bragas en mano, dictaba sentencia. Si alguna vez vuelvo a un campamento prometo que lo único que esconderé será mi sentido del humor… aunque, visto lo visto, igual no es tan buena idea.
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07/07/2025