Julieta Mateo Box canicas artículos prensa

Julieta Mateo Box (1910-2001)

Música, memoria y un himno eterno para Cuenca

Fernando J. Cabañas Alamán (RESAD)

En la memoria —¡¿olvidada?!— cultural de Cuenca, pocos nombres resuenan con la delicadeza y profundidad que el de Julieta Mateo Box. 

Nacida en la capital conquense en diciembre de 1910, su existencia se hilvanó con acordes de música, docencia y una profunda devoción por su ciudad natal. Fallecida en Madrid el 22 de enero de 2001, Julieta dejó tras de sí un legado silencioso pero significativo: compositora, pianista, pedagoga y autora del único Himno a Cuenca que llegó a publicarse.

Infancia y formación.

Desde muy temprana edad reveló un talento musical excepcional. A los seis años ya tomaba sus primeras lecciones de piano con su hermano Juan. Los traslados profesionales de su padre, docente de Escuelas Normales, la llevaron a vivir en Valdepeñas y más tarde en Aranjuez, donde su vocación artística cobró fuerza. Ingresó con apenas 12 años en el conservatorio de Madrid, logrando culminar sus estudios con Premio Extraordinario. Allí fue alumna de Alberdi y Larregla, complementando su formación con estudios de Canto y Arte Dramático.

Desarrollo profesional.

La Guerra Civil interrumpió abruptamente su evolución profesional. Durante ese periodo vivió en localidades como Motilla del Palancar e Iniesta. Sin embargo, tras el conflicto retomó su carrera en Madrid, colaborando activamente con la Sección Femenina en la preparación de sus míticos coros y danzas. Fruto de ese trabajo recorrió Europa —Alemania, Francia, Estonia, Letonia…—, mostrando el folclore español a través del canto, como embajadora cultural de un país que agotaba entonces sus esperanzas en medio del aislamiento.

El esfuerzo y la exposición pública le pasaron factura, llevándola a una profunda crisis personal que determinó su retorno a Cuenca por un tiempo. En esa etapa surgió una intensa dedicación a la composición y a la creación de música para niños, villancicos, piezas religiosas, relatos y poemas. Su preocupación por la pedagogía musical se tradujo también en una labor editorial constante y en un magisterio que ejerció tanto en institutos como en enseñanzas particulares.

Himno a Cuenca.

Sin embargo, entre todas sus obras destaca una pieza única: su Himno a Cuenca. Se trata de una composición para voz y piano, con letra propia, dedicada expresamente a su ciudad natal. Publicado por una litografía madrileña, como suele ser habitual en este tipo de composiciones, el himno ensalza la belleza geográfica, espiritual e histórica de Cuenca. Bajo su aparente sencillez, late una emoción genuina de pertenencia, fe en la tierra y gratitud por el origen.

Fallecimiento.

Julieta Mateo falleció en silencio un 22 de enero de 2001, a los 90 años. Según recogió la esquela publicada por su familia, recibió los Santos Sacramentos antes de su muerte, y su funeral se celebró el 31 de enero en la iglesia parroquial de Santa Teresa y Santa Isabel de Madrid, en una ceremonia íntima. Fue, sin duda, la primera artista conquense vinculada al mundo musical que nos dejó en el siglo XXI.

Queda para la memoria no solo su música, sino también su amor callado por una tierra que rara vez supo recompensar su entrega. Hoy, cuando la ciudad sigue abundando en la búsqueda de referentes que la ensalcen, Julieta Mateo Box brilla, discreta pero firme, entre los nombres que le dieron armonía a Cuenca. Y su himno permanece como testamento sonoro de quien creyó, hasta el final, que el arte también podía ser una forma de oración.

Himno a Cuenca

(Letra y música: Julieta Mateo Box)

Entre montes y sierras nevadas

has nacido, ¡oh, ciudad gentil!

Resplandece mi tierra adorada

con colores de mágico añil.

Tu belleza a España enamora;

las estrellas te alumbran a ti.

¡Qué horizontes clarean tu aurora

que los cielos bendicen sin fin!

Tus famosos riscos sus hoces dibujó

y tus puentes de plata sus riquezas tendió.

Catedral insigne al cielo elevó

tus sublimes plegarias que tu fe poseyó.

¡Cuenca, Cuenca!, bello como el sol,

eres paraíso, que lo quiso Dios.

¡Cuenca, Cuenca!, mi ciudad de amor,

eres en el cielo la estrella mejor.

¡Cuenca, Cuenca!, por fe y por valor,

eres invencible, nadie te venció.

Que tus glorias ensalcen a España

tu belleza, tu fe y tu valor.

Que te canten los siglos tu historia,

te proclamen la ciudad mejor.

Que encantada en España naciste

por la mano del sumo Creador.

¡Y que invicta es tu gloria en Castilla!

¡Que tus hijos proclamen tu honor!

Fernando J. Cabañas Alamán

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LA TRIBUNA DE CUENCA