Ramón Rodríguez Burgos AÑEJAS SONADAS OLCADES

El violín que nunca se rindió
Ramón Rodríguez Burgos AÑEJAS SONADAS OLCADES
Ramón viene al mundo el 4 de septiembre en 1924 en la localidad castellonense de Benicarló, en una casa sencilla donde nunca sobra nada, salvo afecto y sentido del humor. Hijo de Ramón Rodríguez Noguerol, guardia civil, y de Adoración Burgos Oloriz, aprende desde muy niño que la vida puede ser dura, pero también luminosa. Mientras otros solo maquinan travesuras, él acumula a las suyas un descubrimiento que marcará su destino de manera que jamás nadie de su entorno podría haber imaginado. Se trata del violín, instrumento que pronto se convertirá en mágico referente que le ayudará a ampliar su manera de mirar el mundo y de entenderse a sí mismo.
Infancia traviesa y primer violín
Desde pequeño es inquieto, imaginativo, ocurrente. Una de sus trastadas favoritas le llevará a coger ranas que luego dejará pacer en el sillón de su maestro. Otra será la que le empuja a colocar hielo encima de las puertas de los servicios para, cuando va deshaciéndose, mojar a quien por allí pasa. En casa, cuando su madre recibe visitas, mientras los adultos hablan de lo suyo, él asalta las ajenas cestas de la compra no dejando ni rastro de dulce, una de sus pasiones, como recordará siempre, con mezcla de vergüenza y ternura.
Esas picardías, envueltas en cariño, definirán una infancia sin lujos, pero llena de multitud de risas compartidas. Antes de cumplir los seis años, ya en Málaga presenciará en directo algo que dejará huella en él: la actuación de un violinista húngaro que lo impresionará profundamente encendiéndose en su interior una incipiente pasión que marcará por completo su vida. Será entonces cuando inicie sus estudios de violín, con ese mismo intérprete, para posteriormente continuarlos con Miguel Márquez Miranda. En el arco y las cuerdas descubrirá un lugar donde canalizar su energía, un espacio propio en el que la rebeldía se convertirá en música. Además, un primer trofeo obtenido a los siete años —al finalizar una actuación a violín solo, en Cádiz, un espectador, emocionado por lo escuchado, se levantará y le regalará una valiosa sortija que sacará de su propio dedo— certificará que el camino elegido es el adecuado.

Guardia civil, amor y disciplina
La profunda admiración que siente por su padre, fallecido siendo él muy joven, lo llevará a ingresar en la Guardia Civil. El uniforme no apaga su pasión por la música; en el cuartel, aprovecha los ratos libres para ensayar en su corral. Desde una ventana cercana, Conchita escuchará melodías que se mezclarán con la rutina diaria, convirtiéndose primero en su oyente más fiel y luego en la madre de sus seis hijos. A ella le dedicará piezas volviéndose el violín «puente hacia el amor y símbolo de una vida que quiere conciliar deber y belleza», en palabras propias. Ramón se examinará por libre en el conservatorio de Madrid, titulándose con las máximas calificaciones. Llegará un momento en el que decida abandonar la Guardia Civil para opositar al Ayuntamiento de Cuenca. Obtendrá plaza y terminará siendo jefe de servicio, buscando un futuro mejor para la familia. Sin embargo, la música seguirá latiendo en él día a día, llenando las noches de estudio y los fines de semana de experiencias musicales. Y es que, fuera de su despacho, volverá a sentirse, siempre y por encima de todo, violinista.
Maestro, intérprete e investigador
Su formación la consolidará con Enrique García Marcó y la enriquecerá con Francisco J. Comesaña. Becado por la Dirección General de Relaciones Culturales, Ramón asistirá a los cursos de Música en Compostela y se diplomará en Música de Cámara. Él mismo se definirá como «inquieto investigador y estudioso de todo lo relacionado con el violín», síntesis perfecta de su manera de vivir la música. Ejercerá como profesor en los conservatorios de Cuenca, Zaragoza y Teruel, donde impartirá docencia con rigor técnico y calidez. Corregirá con paciencia, insistirá en la afinación y, por supuesto, celebrará cada pequeño avance experimentado por sus pupilos. Sus alumnos lo verán como maestro exigente, pero también como alguien que escucha, comprende y acompaña. En sus clases, la técnica nunca se separará de la sensibilidad; enseñar violín será, para él, ilustrar sobre como mirar la vida con otros matices.

Escenarios, giras y complicidad pianística
Su trayectoria artística se desplegará en varias etapas. Ofrece numerosas actuaciones con la Orquesta de Cámara Mozart de Valencia, con la que recorre España y Portugal y lleva la música a lugares donde nunca ha sonado en directo. Cada concierto será, para él, un acto de servicio… en este caso cultural. En paralelo, desarrollará una intensa actividad camerística con Juan O. de Mendizábal, Edith Preston y, sobre todo, Pilar Mira. Con ellos realizará giras de conciertos por numerosas localidades españolas, apoyadas por la Dirección General de Cultura Popular, el Ministerio de Cultura y, de manera especial, la Diputación Provincial de Cuenca. Los programas se acompañarán de charlas divulgativas sobre épocas, estilos y autores de modo que el objetivo de elevar el nivel cultural de los pueblos se cumplirá plenamente.
Un hombre cercano, versátil y fiel a sus orígenes
Fuera del escenario, Ramón mostrará siempre una sorprendente versatilidad. Venderá extintores, será representante del empresario de la Plaza de Toros de Cuenca y tocará en orquestas; ofrecerá recitales de violín solo, abordará repertorios de gran dificultad y otros especialmente íntimos. No faltará, además, su presencia en tertulias con amigos en las que, con buena voz y dominio de la guitarra, interpretará canciones y convertirá cualquier reunión en una pequeña fiesta. La prensa recogerá sus actuaciones con reseñas elogiosas y positivas, subrayando tanto la calidad del intérprete como la seriedad del docente. Sin embargo, jamás olvidará de dónde viene. «Nunca dejé de sentir admiración por la Guardia Civil», afirmará siempre consciente de que la disciplina y el sentido del deber formarán parte esencial de su identidad. Ese hilo de fidelidad —a sus padres y raíces humildes— atravesará toda su biografía y dará a su música una hondura discretamente heroica hasta su fallecimiento, acaecido en Cuenca el 5 de octubre de 2006 de manera repentina, concluyendo así una existencia en la que la lealtad a sus pasiones, el esfuerzo, el arte, la constancia y la ilusión aderezaron una particular y singular manera de caminar por la vida.
Ramón Rodríguez Burgos AÑEJAS SONADAS OLCADES

27/01/2026