Discutir con bobos canicas artículos prensa

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Cuentan que un día un burro aseguró que la hierba era azul. Dicen que, en su contra, salió el tigre intentando, con cierto temor, sacarlo de su ignorancia supina: «la hierba es verde», parece que dijo. La disputa, lejos de disiparse, dado que la sabiduría de uno y otro no tenía parangón, creció hasta que ambos decidieron acudir a quien mediase en el asunto. «¿Quién mejor que el león, rey de la selva?», coincidieron ambos. Ante S. M., el burro insistió en que la hierba era azul y pidió un castigo severo para el tigre ¡por llevarle la contraria a él! El león, tras escuchar y analizar, sereno, finalmente sentenció que el tigre guardase silencio 10 años. Sorprendido, el tigre, sabedor de que él tenía toda la razón, y además sin margen de duda, preguntó al rey las razones por las que lo castigaba si la hierba era, en efecto, verde. El león respondió: «Tu castigo no se debe a tu error, sino a tu imperdonable torpeza y pérdida de tiempo. ¿A quién, medianamente inteligente, se le ocurre discutir con un bobo?»
Esa breve historia encierra una enseñanza hoy: hemos convertido el debate en un espectáculo de gritos, en un bombardeo de argumentos sólidos contra sandeces de dimensiones galácticas, donde la verdad importa menos que la victoria. La vida pública está llena de burros empeñados en teñir de azul una hierba que, a pesar de sus pesares, es y seguirá siendo verde. El problema no es sino quienes, como el tigre, caen en la trampa de discutir con los que no quieren —ni pueden, por mucho que se empeñen— entender. No se puede razonar con quien confunde opinión con realidad.
La sabiduría no consiste en tener siempre la última palabra, sino en reconocer en qué momento el diálogo dejó de tener sentido y es preferible dedicarse, por ejemplo, a contar estrellas en el cielo, aunque sea de día o esa noche esté cerrada. El tigre castigado representa a los que hoy en día se agotan intentando convencer a los tercos, obstinados y fundamentalistas. Aprender a callar no es sinónimo de rendirse, es cuidar la inteligencia porque mientras la ignorancia grita y celebra sus ilusiones, la razón conserva su fuerza en el silencio. Pero ¿quién no está de acuerdo en que es muy difícil mantener la compostura cuando la vida pone en tu camino a un necio, un ignorante, un simplón, un tontarro, un indocumentado que pretende imponerse por encima de la verdad, la realidad y el saber?
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09/03/2026