La dignidad de esfumarse canicas artículos prensa

La dignidad de esfumarse canicas artículos prensa
Hay despedidas que no se pronuncian con palabras, sino dejando a la otra parte con un silencio que dice todo. Creo que hay un proverbio japonés, que por cierto no habla de rendición, que reflexiona sobre ello con lucidez desgarradora. Alude a la facultad de pocos para reconocer el instante exacto en que ya no queda nada más que ofrecer a alguien o algo. No porque el afecto se haya agotado, sino porque ya se ha entregado entero, sin reservas, incluso con bastante poco amor propio. Y entonces, cuando insistir sería una forma de empobrecer lo vivido, aparece la única decisión verdaderamente difícil pero sensata: desaparecer. No como quien abandona, sino como quien protege lo que fue verdadero durante la erosión previa no detectada por la otra parte.
Hay presencias que, como la sal, nunca son el centro de atención, aunque sin embargo sostienen el sentido de todo lo demás. No reclaman cumplidos, no exigen reconocimientos; simplemente hacen posible lo esencial. Sin embargo, su grandeza es también su condena: solo se advierten cuando faltan. Cuando la vida pierde sabor, cuando lo cotidiano se vuelve inexplicablemente plano, cuando uno empieza a preguntarse en qué momento dejó de sentir… aparece la memoria, punzante, injusta e incluso cruel, recordando que aquello que se echa en falta estuvo siempre ahí, entregándose sin ruido, sin medida, sin garantías, sin contraprestación.
Ofrecer la ausencia es, en el fondo, un acto de amor radical. Es elegir no ocupar un lugar que ya no se puede habitar con verdad. Es aceptar que quedarse, a veces, es una forma de traicionarse y de malacostumbrar —¡incluso también de delatar!— a la otra parte. Y es confiar —aunque duela— en que el vacío enseñará lo que la presencia no supo o pudo hacer comprender. Hay silencios que gritan más que cualquier palabra y ausencias que, con el tiempo, se vuelven imposibles de ignorar. Entonces, cuando ya es demasiado tarde, alguien entiende que hubo una atención —¡quizá un amor!— que no se supo retener, que se perdió… porque fue lo bastante digno como para saber marcharse —o hacerse expulsar— tras mucho tiempo de haberse evaporado emocionalmente… aunque físicamente siguiese al lado.
La dignidad de esfumarse canicas artículos prensa

13/07/2026