Pedro Pablo Morante AÑEJAS SONADAS OLCADES

Fidelidad a una forma de vivir
Pedro Pablo Morante AÑEJAS SONADAS OLCADES
Aunque para algunos pueda parecer una pedantería, es evidente. En terrenos culturales, solo algunas personas contribuyen. La tierra en la que les ha tocado vivir los inspira. Este enfoque resalta la importancia de la identidad local.
Pedro Pablo Morante Calleja pertenece a esa estirpe discreta de músicos conquenses. Ha optado por una forma de vida que quiere devolver a Cuenca todo lo que esta les dio. Su trayectoria demuestra un compromiso profundo con su ciudad. Su ejemplo inspira a otros músicos locales a mantenerse arraigados.
En su caso, la música no fue una elección tardía ni un complemento biográfico. Añejas sonadas olcades forman parte de Cuenca, al igual que la memoria de su gente. Desde la infancia, mostró fidelidad íntima a una ciudad que lo vio crecer entre la Plaza Mayor y El Carmen. La ciudad lo acompañó en la banda municipal de música, el conservatorio, la pesca y el Júcar, y en muchas emociones artísticas.
La música en casa
En la familia Morante Calleja la música no se aprendía; estaba ahí.
Su madre, Consuelo, hija del mítico director y compositor Jesús Calleja —el Maestro Calleja—, transmitió a sus hijos el gusto por los clásicos y una manera entrañable de entender la vida, siempre con oído atento.
Su padre, José, había estudiado trompeta, pero eligió el canto al poseer una voz de tenor que dejó huella en rondallas y ambientes de la ciudad.
Su hermano José Carlos completó ese entorno mágico donde cantar, escuchar y hablar de música era habitual.
Pedro Pablo creció inmerso en esa realidad. Así, antes de ser alumno o director, fue un niño que miraba, escuchaba y absorbía música. Esta estaba presente en las voces de los suyos, pero también en la costumbre de compartirla, sin especial solemnidad, como algo propio de la casa y, al mismo tiempo, de toda Cuenca.
La primera voz
Pedro Pablo cantó por primera vez en público con solo cuatro años, en su colegio —El Carmen—, en un acto académico. A los ocho, fue elegido para cantar en TVE, en La guagua de Torrebruno, acompañado por su hermano a la guitarra. Ya entonces puso de manifiesto un rasgo que luego sería constante: la naturalidad con la que se enfrentaba al escenario, sin sobreactuación, como si la música fuera una prolongación lógica de la infancia.
Él mismo recuerda la Cuenca de los años 70 y 80 como una ciudad de tardes compartidas en la Plaza Mayor, con 20 o 25 amiguetes jugando al salir del colegio. Esa memoria tiene algo muy sólido: no está aderezada solo con nostalgia, sino sobre todo con emociones. En su caso, la ciudad antigua nunca ha sido un decorado; siempre ha ocupado un lugar relevante en su educación académica, sentimental, humana.

Aprender en Cuenca
Con 11 años entró en el conservatorio y estudió Piano y Clarinete. Le gustaba especialmente el Solfeo, pero lo que más le fascinaba era cantar y dirigir. A los 12 se incorporó a la Banda Municipal de Música, con el clarinete, de la mano de Constancio Aguirre, y a los 13 cantó con Fortunato Saiz, uno de sus maestros más queridos. Después llegó el coro experimental con José María Barquín, una etapa breve pero decisiva para entender la música renacentista desde dentro, desde su conocimiento profundo. Aquella formación fue mucho más que una cuestión académica. Fue la base de una vocación profunda, sostenida por maestros, disciplina y curiosidad. Es cierto que en ese ambiente aprendió el oficio, pero también una manera de mirar la tradición sin miedo a hacerla viva.
Madrid y el regreso
Madrid amplió su horizonte. En su conservatorio superior se tituló en Dirección de Orquesta y Composición, conviviendo con conciertos, ensayos y experiencias musicales de primera línea. Sin embargo, su vínculo con Cuenca nunca se debilitó; al contrario, retornó con más ímpetu; en 2000 comenzó a dar clase en el conservatorio y poco después en la Escuela Municipal de Música, donde sigue y de la que fue director. Desde su regreso, Morante ha sido uno de los motores más constantes de la vida musical conquense. Fundó la Camerata Ars Nova, luego la Orquesta Ars Nova y más tarde la Orquesta Sinfónica de Cuenca. También creó la Escolanía del Conservatorio —hoy Coro de Voces Blancas Pedro Aranaz— y la Escolanía de Voces Blancas de la Escuela Municipal de Música, destacando que durante más de dos décadas dirigió el Coro del Conservatorio. Pocas trayectorias explican con tanta claridad la idea de volver a casa para construir algo sólido, entrañable, duradero y querido.

Música para contar
Su obra compositiva abarca música religiosa, sinfónica, coral, de cámara y para cine. En ella conviven el rigor académico y una sensibilidad narrativa muy personal. Sus bandas sonoras no buscan imponerse; acompañan, respiran con la imagen y la atraviesan con una emoción medida. Esa manera de componer lo convierte en un creador especialmente atento a la atmósfera generada, al pulso interior de las escenas y a la verdad completa de lo que narra.
Cuenca como destino
Pero detrás del compositor hay también un hombre de gustos amplios y lealtades sencillas. La pesca en el Júcar o el Cabriel, las excursiones con su padre, la cocina compartida, las motos, el deporte, la amistad, los almuerzos y la carretera forman parte de la misma trayectoria. En su vida no hay compartimentos estancos: la música conversa con la naturaleza, la memoria familiar y su entrañable ciudad.
Hay algo en Pedro Pablo no especialmente frecuente: una manera de ser conquense sin convertirlo en emblema vacío.
Cuenca aparece en él como paisaje, escuela, impulso y responsabilidad.
Fue relevante en sus primeros juegos, en sus maestros, en sus coros, en sus orquestas y en esa voluntad de seguir creando desde ese referente, obviamente sin necesidad de romper el hilo que lo une a sus orígenes… pero también a otros lares.
Quizá por eso su figura deja una impresión serena y contundente. No se trata solo de un músico con una trayectoria amplia, sino de alguien que ha sabido devolver a su ciudad parte de lo que recibió de ella. Y tal actitud, en una capital pequeña, es una forma relevante de nobleza.
Pedro Pablo Morante Calleja es músico, compositor y director. Se formó en Cuenca y en el conservatorio superior de Madrid, donde obtuvo las titulaciones superiores de Dirección y Composición. Ha desarrollado una amplia labor docente en el conservatorio y en la Escuela Municipal de Música de Cuenca. Fundó la Camerata Ars Nova, la Orquesta Ars Nova y la Orquesta Sinfónica de Cuenca. Creó y dirigió varias agrupaciones musicales, así como corales infantiles y juveniles. Dirigió el Coro del Conservatorio durante más de 20 años. Ha compuesto música para cine y repertorios sinfónicos, camerísticos y sacros. Como director invitado y conferenciante, ha colaborado con diversas orquestas, coros e instituciones musicales. Su trayectoria une creación, docencia y dirección con un fuerte compromiso con la vida cultural conquense.

11/08/2026
Pedro Pablo Morante AÑEJAS SONADAS OLCADES