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María Martínez Ayerza (© Marco Borggreve)

Siempre Cuenca

María dejó Cuenca para descubrir el mundo. Y, casi sin proponérselo, consiguió también que el mundo descubriera Cuenca. Flautista de reconocido prestigio internacional, profesora, musicóloga y divulgadora, vive desde hace años entre Helsinki, Londres y los Países Bajos. Sin embargo, basta hacerle una pregunta para entender que hay una parte de ella que nunca se marchó. «Cuando alguien me pregunta de dónde soy, siempre respondo: “De Cuenca. ¿Lo conoces?”». No es una respuesta automatizada; es una declaración de identidad. Porque, aunque la vida la haya llevado lejos, Cuenca sigue siendo el lugar desde el que mira el mundo.

La niña que descubrió un universo

Todo empezó casi por casualidad. Primero probó el ballet, pero enseguida comprendió que aquel no era su sitio. Poco después, con apenas seis años, cruzó por primera vez la puerta del conservatorio de Cuenca para asistir a las clases de iniciación musical. No podía imaginar entonces que acababa de encontrar el camino de su vida. «Cuando estaba enferma les suplicaba a mis padres que me llevaran al conservatorio porque “ya estaba mejor”», recuerda entre sonrisas.

En casa compartió las primeras melodías con Ana, su hermana. Cuando llegó el momento de elegir instrumento pidió flauta dulce convencida de que ya sabía tocarla. La seguridad apenas le duró unos minutos. El primer día descubrió una flauta alto y pensó, sorprendida, que ni siquiera sabía que existían flautas «tan grandes». Aquella mezcla de curiosidad y fascinación nunca han desaparecido en ella. Quizá por eso, décadas después, sigue aprendiendo.

La mejor escuela estaba aquí

Ha estudiado con algunos de los mejores especialistas de Europa en Sevilla y Ámsterdam. Sin embargo, cuando habla de quién le enseñó realmente a ser música, siempre vuelve a Cuenca. Lo hace para recordar a Rafael Soriano, el profesor que durante siete años le enseñó mucho más que técnica.

Junto a otros alumnos, recorrió los pueblos de la provincia ofreciendo pequeños conciertos, muchas veces después de las misas dominicales y con la complicidad de los párrocos. Mientras sus padres cargaban el coche con atriles e instrumentos, ella apenas era consciente de que aquellas actuaciones estaban constituyéndose en una escuela excepcional para aprender a escuchar al público, controlar los nervios y disfrutar del escenario.

También guarda muy presente otro consejo recibido en el conservatorio, esta vez de José Miguel Moreno: «elige siempre al profesor que más pueda exigirte, no al que te haga el camino más fácil». Aquellas palabras la llevaron a marcharse a Sevilla con solo 16 años y la han acompañado desde entonces cada vez que ha debido tomar una decisión importante.

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2013; con Hester en acción SMR Cuenca (© Santiago Torralba)

Cuenca duele porque importa

Acostumbrada a viajar por Europa, sigue hablando de Cuenca con entusiasmo contagioso. Presume de la parte antigua, de sus hoces y de un patrimonio que recomienda con orgullo a cuantos músicos y no músicos conoce. Gracias a ella, más de uno ha terminado visitando una ciudad de la que nunca había oído hablar.

Pero el cariño también le permite ser crítica. Recuerda un viaje en el que no pudo contener las lágrimas al recorrer algunas calles del centro moderno. «Son las calles donde crecí y que en mi memoria son perfectas». No hay reproche en sus palabras, sino la tristeza de quien siente que una parte de su propia historia merece más cuidado.

El éxito sin perder la sencillez

Su currículum impresiona: conciertos por Europa, Estados Unidos, México y Taiwán; grabaciones discográficas y colaboraciones con algunos de los conjuntos de música antigua más prestigiosos. Sin embargo, basta conversar unos minutos con ella para descubrir que habla mucho más de las personas que de los escenarios.

Recuerda con gratitud a sus profesores, disfruta evocando los pequeños conciertos que ofrecía en guarderías de Ámsterdam y habla con pasión de los jóvenes músicos con los que trabaja hoy. Está convencida de que un profesor no solo transmite conocimientos; también ayuda a formar personas capaces de convivir con el esfuerzo, el error y la incertidumbre. Por eso, insiste en cuidar la salud mental de los estudiantes y en combatir un perfeccionismo que tantas veces termina convirtiéndose en un enemigo.

También las renuncias

Su historia no es la de un éxito continuo. La pandemia le obligó a replantear prioridades. Junto a su marido, decidió que durante un tiempo la familia ocuparía el primer lugar. Cambiaron de país, buscaron estabilidad y aceptaron que la carrera artística avanzara más despacio.

Lo cuenta con una sinceridad poco frecuente. Reconoce que a veces evita entrar en las redes sociales porque le impresiona ver a antiguos compañeros recorriendo el mundo mientras ella pasa más horas en un despacho que sobre un escenario. Pero no hay amargura. Sabe que esa decisión le ha permitido disfrutar del crecimiento de sus dos hijas y construir una vida familiar que no cambiaría por ninguna gira.

Seguir caminando

Desde hace unos años correr forma parte de su rutina. Le ayuda a pensar, a conocer lugares nuevos y a recordar que los grandes objetivos se alcanzan poco a poco. «A veces hay que ir más despacio, a veces hay que caminar un rato, en ocasiones hay que beber o tomar aire… pero cada paso cuenta».

Cada verano regresa a Cuenca para reencontrarse con su familia y participar en proyectos como Semitonía. Después vuelve a Helsinki con nuevos conciertos, clases y desafíos. Así, cambia de escenarios, idiomas y países.

Hay una cosa, sin embargo, que permanece exactamente igual que cuando aquella niña descubrió, fascinada, que existían flautas más grandes de lo que había imaginado. Cuando alguien le pregunta de dónde es, sigue respondiendo con el mismo orgullo y la misma naturalidad: «De Cuenca. ¿Lo conoces?».

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Con flauta Paetzold, (© Edoardo Lambertenghi)

María Martínez Ayerza (Cuenca, 1982) estudió flauta dulce en Cuenca, Sevilla y Ámsterdam, siendo además licenciada en Musicología por la Universidad de Ámsterdam. Especializada en música antigua, desarrolla una intensa actividad como intérprete, docente, investigadora y divulgadora. Es profesora de Flauta Dulce en el Royal College of Music de Londres, dirige la revista Blokfluitist y reside en Helsinki, donde compagina la docencia con la investigación y la actividad concertística.

LA TRIBUNA DE CUENCA