Eva de la Ossa Cotillas AÑEJAS SONADAS OLCADES

De Palafox a Puerto Rico
Eva de la Ossa Cotillas AÑEJAS SONADAS OLCADES
A los seis o siete años, Eva de la Ossa Cotillas caminaba regularmente por la parte baja del casco antiguo de Cuenca con una mochila y un instrumento a su espalda. A ella le habría gustado aprender armónica, acordeón o arpa, pero por aquel entonces esos estudios no existían en el conservatorio conquense. Se resigno y eligió flauta de pico. La elección, aparentemente simplona, acabaría siendo sin embargo el comienzo de una vida atravesada por la música, la enseñanza, los viajes y una relación con Cuenca que, a pesar de las distancias generadas años después, nunca ha logrado borrar.
Las primeras notas
El centro conquense en el que se formó no fue para ella únicamente un lugar donde recibió clases. Allí aprendió música, hizo algunas de sus primeras amistades —varias permanecen todavía en su vida— y encontró espacio propio. «El conservatorio fue, desde muy pronto, un lugar de formación, pero también de pertenencia», recuerda.
La música quedó así unida desde niña a su casa, al colegio, a las calles donde jugaba y a esas subidas por la ciudad antigua después del cole. Aún no tenía vocación profesional, ni proyectos, ni destinos lejanos… Simplemente había una niña que llevaba su instrumento a cuestas y que iba descubriendo, sin saberlo, una forma singular de vivir.

Madrid y la duda
En el último curso de instituto llegó a la conclusión sólida de que no quería separarse de la música, con independencia de la carrera que eligiera. Marchó a Madrid, primero viajando desde Cuenca para estudiar en el conservatorio superior y, a partir del año siguiente, simultaneando aquella formación con Administración y Dirección de Empresas (ADE).
Durante un tiempo convivieron en su vida inquietudes e ilusiones propias de dos lenguajes: el de la gestión y el de la música. Al acabar los estudios superiores, percibió que no se veía en el ámbito empresarial convencional, pero tampoco como intérprete ni como docente al uso. La gestión cultural le ofreció una salida inesperada: reunir dos partes de sí misma que hasta entonces parecían caminar por separado.
Con los años entendió que ese trabajo podía tener además una dimensión social. Intuyó que organizar, comunicar y facilitar la cultura no es una labor secundaria: permite que artistas y públicos se encuentren. «No curamos enfermedades ni resolvemos problemas urgentes, pero sí ayudamos a generar espacios de encuentro, de reflexión y de disfrute», resume.
Una isla sin mapa
Después de conocer los programas de cooperación cultural de la Administración española, Eva logró una plaza en Puerto Rico como gestora cultural en el Consulado General de España allí. No conocía la isla ni tenía vínculos personales que la unieran a ella. «Hice la maleta y me lancé a la aventura», recuerda con añoranza y una sonrisa.
La experiencia fue mucho más que un cambio de trabajo. Puerto Rico le reveló una relación cotidiana y comunitaria con la música. La bomba, la plena, la música jíbara, la salsa o el reguetón no se entendían solo desde un escenario: vivían en la calle, en las fiestas y en una identidad compartida.
La isla se convirtió en su hogar. Allí encontró afectos profundos y una manera nueva de escuchar: la música como memoria y como forma de estar en el mundo. Fueron años decisivos en su vida personal y profesional.
El oficio de acercar
La distancia con la familia y la situación migratoria hicieron que regresara a España. Lo hizo para incorporarse al conservatorio superior de Jaén como profesora de Producción y Gestión de Música y Artes Escénicas, una especialidad entonces reciente.
Tras cerca de 10 años de experiencia en gestión cultural, llegó a la docencia con la voluntad de trasladar a sus alumnos aquello que no siempre cabe en un temario: cómo se configura una programación, cómo se comunica el trabajo artístico o cómo se acerca a la sociedad la actividad de los conservatorios.
Para Eva, gestionar música es crear las condiciones para que suceda algo entre una obra, un artista y quien escucha. Su trabajo se mueve muchas veces detrás de los focos, pero busca que la música sea accesible, tenga contexto y llegue de verdad a las personas ávidas de arte, sensibilidad y sensaciones.

Cuenca no queda atrás
Ha pasado más de la mitad de su vida fuera de Cuenca, pero su ciudad no es para ella un lugar detenido en el recuerdo. Es familia, amistades, infancia y una referencia que ha cobrado más valor con los años. «He vivido más cerca o más lejos, pero siempre he vuelto», afirma.
La colaboración con Estival Cuenca, a invitación de Marco Antonio de la Ossa, dio forma profesional a ese vínculo afectivo. Participar en el festival le permite contribuir regularmente a la vida cultural de su ciudad, ayudar a poner en valor su patrimonio y acompañar su talento musical.
No es casual que la niña que durante años caminó hacia el viejo caserón de la calle Palafox forme hoy parte de un proyecto que lleva música a Cuenca. Hay regresos que no consisten en desandar el camino, sino en devolver al lugar de origen algo de lo que uno aprendió lejos.
Lo que quiere dejar
La maternidad le ha añadido una nueva perspectiva. Ahora, Eva piensa en sus hijas y en la necesidad de que conozcan de dónde vienen, que sientan Cuenca como parte de su historia y conserven ese sentimiento de pertenencia que ella ha mantenido.
Desea, al mismo tiempo, que sean libres para buscar su propio rumbo. Esa mezcla de arraigo y libertad explica bien su propia trayectoria: una mujer que salió de Cuenca para aprender, que encontró hogares lejos y que sigue regresando a su ciudad con la música como equipaje.
Eva de la Ossa Cotillas (1982) es catedrática de Producción y Gestión de Música y Artes Escénicas en el Conservatorio Superior de Música Andrés de Vandelvira de Jaén. Posee el Título Superior de Flauta de Pico, es licenciada en ADE y cuenta con estudios de posgrado en gestión cultural. Desde 2015 integra la organización de Estival Cuenca y desarrolla una actividad centrada en la docencia y las industrias culturales.
Eva de la Ossa Cotillas AÑEJAS SONADAS OLCADES

29/09/2026