Alba Herráiz AÑEJAS SONADAS OLCADES

El piano no era para estar sola
Alba Herráiz AÑEJAS SONADAS OLCADES
Siendo muy niña todavía, en casa de Alba Herráiz regularmente sonaban Radio Clásica, los viejos discos de sus padres y muy frecuentemente obras que todavía hoy reconoce como parte de su educación sentimental: la Pasión según San Mateo de Bach, La flauta mágica de Mozart o las sonatas de Beethoven interpretadas por Maria João Pires. Y es que todo apunta a que, antes de saber qué lugar ocuparía el piano en su vida, la música ya había encontrado el suyo en su entorno familiar.
Sus padres cuentan que, poco antes de cumplir cuatro años, la llevaron al ensayo general de Turbas, obra sinfónica de Cristóbal Halffter estrenada en la Semana de Música Religiosa de Cuenca de 1996. «Alba escuchó el ensayo entero sin pestañear». Un año después acudió a La creación de Haydn y, al terminar, preguntó inquieta: «¿Ya se ha terminado?», antes de sentenciar: «¡Qué corto!». Ella conserva recuerdos vagos de aquellas escenas, pero reconoce en esos relatos el origen de una relación con la música natural, cotidiana e inseparable de su círculo familiar. La escucha, antes que disciplina, ya era costumbre compartida en su círculo más cercano.
El momento de dejar de estar sola
A los seis años entró en la Escuela Mozart y eligió el piano, atraída por un sonido que le llamaba especialmente la atención. Después llegaron el conservatorio y los estudios superiores en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid (RCSMM). Sin embargo, el piano solista no llegó a satisfacerla del todo. Cierto es que esa formación le propició técnica y repertorio, pero no acababa de resolver qué clase de música quería hacer ni desde qué prisma.
Al adentrarse en la música de cámara, esta le abrió nuevas posibilidades. Reunirse con músicos de instrumentos muy distintos, buscar el empaste y construir una idea musical común se convirtió desde el principio en una experiencia creativa —para ella— mucho más rica. La revelación definitiva le llegó al acompañar a compañeros pianistas en conciertos para piano y orquesta. Imitar desde el teclado las texturas orquestales, atender a los cambios espontáneos del solista y ofrecer una base segura eran retos que quería aprender a resolver. No se trataba de ocupar un lugar secundario, sino de encontrar otro modo de estar en la música: escuchar, anticiparse, sostener… sin renunciar a tener una voz propia dentro de la interpretación.

Viena y el oficio de escuchar
En 2015 viajó a Viena para optar a la única plaza convocada en un máster de repertorio para piano instrumental. La seleccionaron. Los dos años de formación fueron intensos: aprendió alemán rápidamente, aunque los acentos y dialectos complicaban el proceso, y se encontró con una exigencia académica que fortaleció su aprendizaje. Allí, la preparación del repertorista era específica y el trabajo con otros instrumentistas se entendía como una especialidad en sí misma.
Estudió con solistas de las orquestas filarmónica y sinfónica de Viena, al tiempo que asistió a clases magistrales de grandes maestros. Recuerda una conferencia de Alfred Brendel programada al comienzo de su aprendizaje del idioma; entendió pocas palabras, pero los ejemplos que el intérprete tocó al piano bastaron para emocionarla y catapultarla anímica y musicalmente. También aprovechó la vida musical de la ciudad «con entradas de pie de 3,00 euros, para la ópera; y de 5,00, para el Musikverein». Aquella posibilidad de escuchar, semana tras semana, a grandes orquestas y solistas, formó parte decisiva de su aprendizaje, constatando regularmente que era tan importante —¡sobre todo tan imprescindible!— como las horas de estudio.
Tras acabar el máster se quedó en Austria —trabajaba como freelance— participando en proyectos de música de cámara, concursos, pruebas de orquesta y conservatorios. Era una vida musical posible y estable, habitual allí para muchos intérpretes… pero la distancia de su familia fue ganando peso. Echaba de menos su país y sentía que se perdía momentos importantes de los suyos. Cuando surgió la oportunidad de regresar a España, ¡la aprovechó!
Regresar para compartir
Desde 2023 trabaja como repertorista en el Conservatorio Superior de Música de Castilla y León (COSCYL), especialmente con la cátedra de Violonchelo. También imparte una asignatura para pianistas en la que los inicia en el trabajo de repertorista. Es una manera de transmitir una salida profesional que ella descubrió gradualmente y que, durante sus años de formación, contaba con menor especialización y reconocimiento que ahora. El piano, en dicho contexto, «no acompaña de forma pasiva; dialoga, respira con el otro instrumento y participa plenamente en la construcción del discurso musical», señala Alba.
El conservatorio no ha sustituido, en su vida, al escenario. Siempre que puede se integra en proyectos que comparte, si es posible, con amistades: toca a cuatro manos con Marta Leiva; trabaja en dúos de flauta y piano con Tomás Alcocer y Clara Burgos; colabora con Qnk Ópera, en especial con las sopranos Carla Ortega y Alicia Sánchez, etc. En esos encuentros, la amistad y la música se retroalimentan. Hacer música no consiste para ella solo en tocar bien, sino en encontrar una voz común y dedicar tiempo al proceso compartido que permite que una obra cobre forma, vida y entidad propias.

Música, paisaje y comunidad
También le atrae cada vez más la música antigua y el repertorio barroco interpretado con instrumentos históricos. Cuando puede estudia clave y bajo continuo, quizá como contrapeso a la armonía más densa del repertorio romántico y posterior que abordan muchos de sus alumnos. Después de la música del siglo XX, escuchar a Mozart o a Beethoven puede ocupar para ella un papel similar al de dar un maravilloso paseo por el campo; es «una vuelta a la claridad, al equilibrio y a otra manera de respirar el tiempo musical».
Fuera de la música busca y disfruta de la naturaleza. Creció en el casco antiguo de Cuenca, con la sierra a pocos minutos, y conserva la necesidad de alejarse de los ruidos urbanos, de vivir desde dentro la montaña, un río, el mar… al tiempo que hacer rutas en moto con su pareja. Le interesan también la fotografía, el cine y la lectura, tanto los clásicos como la narrativa actual. Disfruta especialmente de las salas de cine salmantinas, porque «compartir la risa o el llanto ante una película me parece una forma valiosa de salir del individualismo». Y si aparece un futbolín, «¡es difícil que me resista a una partida!; desde la adolescencia, cualquier mesa se convierte para mí en una invitación».
Alba no abandonó el piano solista por falta de ambición. Encontró una ambición e ilusión distintas: convertir el piano en escucha, diálogo y apoyo. Su lugar no está detrás de nadie, sino al lado de otros músicos, en ese punto exacto donde una interpretación deja de ser individual y empieza a respirar como algo maravillosamente común.
Alba Herráiz Tirado (Cuenca, 1992) ha ofrecido conciertos en España, Viena, Praga, Budapest y Liubliana, en espacios como los Teatros del Canal, el Auditorio Nacional de Música de Madrid y el Auditorio Manuel de Falla de Granada. Debutó como solista y directora con la Orquesta de Música de Cámara Mediterránea y ha colaborado con la JORCAM y el festival de opereta Mörbisch am See. Como repertorista, ha participado en Prague Spring, Juventudes Musicales, Prima la Musica y Guadix Clásica, además de proyectos con la OSCyL Joven y el Centro Katarina Gurska.
Alba Herráiz AÑEJAS SONADAS OLCADES

06/10/2026