EL SECRETO DE LOS HEROES canicas artículos prensa

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En mi infancia disfruté de infinidad de héroes. Tarzán, con su grito salvaje y saltos con lianas, era el rey absoluto de mis ídolos. Los tres mosqueteros —siendo cuatro en realidad, nunca entendí por qué no le cambiaban de una vez el nombre a la novela, a la serie…— me tenían hipnotizado con sus espadas, caballos y ese aire de vencedores que les hacía parecer dioses invictos. Ver a Sancho Gracia —mi gascón preferido de cuantos he conocido— o a Ron Ely —¡qué Tarzán!— enfrentarse a cualquier peligro, me permitía asomarme a un mundo donde todo podía suceder… menos, al parecer, ir al baño.
Ahí empezó mi gran duda. Ninguno de ellos iba jamás al aseo. Ni Tarzán, ni los mosqueteros, ni siquiera la mona Chita. Todos comían, bebían … pero nunca una pausa, jamás un «uy, ahora mismo vengo», nunca una cara que trasmitiese que se iban a la pata abajo. Yo los veía y pensaba: ¿Cómo lo harán? ¿Serán especiales también en eso? Recuerdo haber preguntado en casa por qué nunca veía a los de la tele hacer pis, pos… La respuesta, si la hubo, debió ser: «Anda, no digas tonterías», quedándome incluso con mayor desconcierto.
Con los años descubrí que la verdadera proeza de aquellos héroes no era vencer a villanos, ni volar sobre un caballo, sino sobrevivir a mil aventuras sin una sola visita al retrete. ¡Eso sí que era épico! Ni el mejor espadachín, ni el rey de la selva, ni la guapísima Jane podrían haber conservado la dignidad después de un apretón tras una huida. Cuando crecí, asenté la creencia de que cuando un héroe desaparece sutilmente entre los arbustos, no es que huya, es que está librando la batalla más universal y humana de todas, la única que no entiende de capas sociales, carguetes ni galones. Y esa, seamos claros, no la gana por principio Tarzán, ni D’Artagnan, ni Dantés. Al final, el héroe de verdad no es el que salva el mundo, sino el que, en mitad de un sarao, conserva la sangre fría, mira a todas partes y encuentra un sitio adecuado antes de que su dignidad haga aguas; también agua, claro. Y de eso, los villanos de hoy en día no saben. De hecho, tampoco saben evitar que los ciudadanos de a pie nos demos cuenta de sus debilidades. O ¿les da igual? Eso es peor.
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08/06/2026
