Santos Flores García AÑEJAS SONADAS OLCADES

Una trompeta entre viñas y mar
Santos Flores García AÑEJAS SONADAS OLCADES
En El Provencio, un pequeño pueblo manchego donde casi cada vivienda custodia un atril, Santos Flores aprenderá desde niño que la música puede ser una forma de entender la vida. Entre campos de viña, ensayos de banda y una familia de raíces humildes, pronto descubrirá que el sonido de una trompeta puede convertirse en destino —«su destino»—, pero también en memoria y gratitud a los suyos, a quienes le inculcaron la pasión por la música y la vida.
Raíces humildes y oficio
Criado en un hogar ligado al campo y a la construcción, Santos interiorizará desde muy temprano el valor del trabajo silencioso y bien hecho. Sus abuelos, agricultores, y su padre, albañil, le enseñarán el valor de la constancia y del sacrificio. De hecho, él mismo pasará un tiempo en la obra, experiencia que más tarde reconocerá como parte esencial de su carácter. En ese entorno sencillo, la música entrará sin estridencias, pero para quedarse, formando parte de la rutina familiar igual que las jornadas en la viña o el olor a tierra húmeda.
Un abuelo, una trompeta
La figura más decisiva en su vida será la de su abuelo Franco, trompetista de la banda del pueblo y héroe discreto de su infancia. Después de largas jornadas en el campo, Franco se aseaba deprisa, apenas cenaba y salía al ensayo para no faltar jamás a la banda. Durante el servicio militar parece que le ofrecieron quedarse como músico en la agrupación, pero su padre —el bisabuelo de Santos— decidió que debía volver al pueblo para ayudar en el campo. Esa vocación truncada dejará una huella profunda e indeleble en su nieto Santos. Años después, el joven comprenderá que su abuelo tocaba realmente bien la trompeta y empezará a interpretar «como quien continúa una historia iniciada décadas atrás pero que se vio truncada». Comprenderá que, afortunadamente, es su turno y suya la responsabilidad de completar aquel camino.
Furgonetas, cajas de ajos y primeras metas
Los primeros pasos formales de Santos llegarán en forma de viajes en furgoneta a Villarrobledo, sentado con otros chavales sobre cajas de ajos para asistir a clase. Aquellos trayectos incómodos se convertirán en el inicio de un sueño compartido: ganar un sitio en la banda del pueblo. La creación de la escuela de música de El Provencio supondrá un antes y un después; a los 16 o 17 años, con el apoyo incansable de su madre, que regularmente lo llevará en coche hasta la estación para que pueda viajar a Albacete, la música empezará a perfilarse en él como vocación real. El ingreso en la banda será su primera gran meta cumplida.

Aulas rurales y vocación de maestro
Con el tiempo, Santos obtendrá el título de Profesor Superior de Trompeta, en el conservatorio superior madrileño, y se formará con profesores como F. Candel, L. González, C. Asensi o F. Cabañas. Compaginará estudios, cursos y clases con el trabajo docente que llevará a cabo en escuelas de música de la provincia de Cuenca, donde descubrirá que enseñar implica mucho más que explicar: «es emocionar, es acompañar, es construir pequeñas familias y vivencias alrededor de la música». En paralelo, proyectos como el quinteto de metales Mancha Brass le regalarán escenarios, «kilómetros de carretera y multitud de amistades que se convertirán en parte definitiva de mi vida».
Málaga; el sueño de la banda
Las oposiciones marcarán en él una etapa cargada de esfuerzo, espera e ilusiones. Tras un primer intento en la Banda Municipal de Málaga, en el que no obtendrá plaza pero quedará en bolsa de trabajo, aceptará un puesto en el Conservatorio Profesional de Música de Segovia. Allí parecerá dibujarse cierta estabilidad, hasta que una llamada del Ayuntamiento malagueño lo cambiará todo —y ¡para siempre!— al informarle de la creación de una plaza vacante de trompeta en su banda municipal. Santos pedirá un día «para pensarlo», hablará con los suyos y se aferrará a una idea que lo guiará desde siempre: «tomar decisiones sin miedo al arrepentimiento». Obviamente, ¡dirá que sí!
Llegar a Málaga, sin conocer a nadie, implicará «empezar de nuevo y, al mismo tiempo, cerrar un círculo mágico». Para quien siempre se ha sentido músico de banda, entrar en la municipal malagueña equivaldrá a cumplir un sueño a la altura de una gran orquesta internacional. Con el tiempo, aquella ciudad dejará de ser solo un destino profesional, la banda malagueña se convertirá en su segunda familia y Málaga en el lugar donde construya su vida personal, sus amistades y su día a día. Desde 2010 ocupa el puesto de trompeta co-solista y en 2024 consolidará la titularidad.
Entre cepas y olas
Fuera del atril, Santos buscará el equilibrio. El deporte, la organización o el cuidado personal formarán parte de rutinas que le permitirán sostener el ritmo de ensayos y conciertos. Le interesan la lectura, los viajes, la economía, la filosofía, la meditación; caminos distintos hacia una misma idea: ¡crecer como persona! Volver regularmente a El Provencio, caminar por la viña con la memoria de sus abuelos y de su hermano Gustavo, es para él una necesidad emocional, «una forma de volver al origen».
Hoy su vida gira en torno a un propósito sencillo: encontrar cada día un motivo para levantarse, «mi propio ikigai». La música sigue siendo su eje central, pero también una forma de gratitud hacia quienes lo precedieron. En el fondo, Santos siente que ha continuado un camino que empezó mucho antes que él, con un abuelo que no pudo vivir la música como hubiera querido y con una familia que creyó en el trabajo honrado. Porque, como él mismo señala, «al final, uno nunca deja de ser aquel niño que empezó a tocar una trompeta en su pueblo, solo que ahora entiende por qué lo hizo».

Santos Flores Martínez (El Provencio, 1978) es trompetista titulado superior por el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid (RCSMM) y posee el CAP por la Universidad de Castilla-La Mancha. Su trayectoria combina una sólida formación especializada, con una amplia experiencia como intérprete y docente. Ha formado parte de jóvenes orquestas y de agrupaciones de Castilla-La Mancha y Madrid, ha colaborado con la ORCAM, la ORTVE, diversas bandas y festivales, ha sido miembro fundador del quinteto Mancha Brass —con el que obtuvo el segundo premio en el Concurso de Jóvenes Intérpretes de Castilla-La Mancha—, ha actuado como solista interpretando repertorio de Telemann, Vivaldi y Haydn, ha ejercido la docencia en escuelas de música y en el Conservatorio Profesional de Música de Segovia y, desde 2010, ocupa plaza de trompeta co-solista en la Banda Municipal de Málaga, colaborando además con la Orquesta Sinfónica Verum y la Orquesta Provincial de Málaga.
Santos Flores García AÑEJAS SONADAS OLCADES

19/05/2026
