Test del mediocre canicas artículos prensa

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Hay un perfil que cada vez abunda más —a mi juicio, claro— y que me produce, por igual, rechazo —decir asco sería más sincero— y lástima: el del mediocre. El mediocre es ruidoso y temeroso. Recuerda a los perros pequeñajos que ladran, mean en cada esquina y marcan por donde pasan; no por seguridad, sino precisamente por inseguridad. El mediocre no soporta el brillo ajeno; siente que cada destello de otro apaga más la tímida luz que da su candil. No tolera el mérito de otros, la envidia le intoxica y disfraza de falso elogio o adulación condescendiente los elogios que traslada a quienes considera iguales o, indiscutiblemente, superiores. Lo triste es que la mediocridad no se mide con títulos; hay doctores tan mediocres que son ejemplo en manuales de sicología; por contra, hay obreros que, sin haber leído jamás a filósofo alguno, sostienen deslumbrantemente la dignidad y grandeza de la que tantos titulados carecen.
Lo más característico del mediocre es su frustración; herida siempre abierta entre lo que cree valer y lo que realmente vale. El mediocre vive comparándose, busca enemigos imaginarios, conspiraciones a su alrededor y excusas para justificar su falta de talento o coraje. Se aferra a frases como «yo no tuve tal posibilidad», «todo está amañado» o la más patética: «si yo quisiera…». Sus energías no las invierte en mejorar, sino en intentar apagar la luz ajena. Va por la vida creyéndose incomprendido, cuando en realidad es simplemente plano, horizontal, a pesar de que el populacho aplauda sus menudencias. El mediocre está en todas partes: oficinas, grupos de amigos, bares, redes, familias. La mediocridad es como la humedad: se filtra y, al poco, genera moho hasta en el ombligo.
Si al lector le preocupa saber si pertenece a ese perfil le propongo un experimento. Lea estás últimas líneas cerca de un espejo y mírese. Si ve una sonrisa ligera, felicidades: está a salvo; además, quizá le haya venido a la mente algún mediocre que conoce. Si lo que ve es un rostro serio, con el entrecejo fruncido o le han molestado estas líneas, preocúpese. O no; usted verá. Total, el mediocre siempre busca razones para no reconocerse. Y si decide romper el espejo, recuerde: siete años de mala suerte…
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20/04/2026