Alicia Sánchez AÑEJAS SONADAS OLCADES
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Son ya numerosos los roles relevantes que Alicia ha asumido en escena.

Una voz que hace camino

Alicia Sánchez crece entre Toledo y Cuenca, disfrutando de raíces familiares que la unen a Santa Cruz de la Zarza y Tarancón. Vive así una apasionada biografía tejida a fuerza de constancia, curiosidad y una sensibilidad poco común. Desde muy niña experimenta lo que ella misma identifica como pisar muchos charcos, destacando una necesidad temprana de aprender que desde siempre la lleva a moverse con naturalidad entre disciplinas distintas (canto, danza, gimnasia rítmica), todas ellas artísticcas. En su trayectoria hay esfuerzo, sí, pero también una vocación nítida por la música entendida como forma de vida, refugio y lenguaje propio.

Una infancia en movimiento

Sus comienzos discurren entre el barrio conquense de Fuente del Oro y, en los veranos, visitas y amistades de su pueblo, donde conserva un vínculo afectivo que no quiebra con el tiempo. Allí da sus primeras señales de escena: canta con la Orquesta de Pulso y Púa El Deleite y descubre, casi sin saberlo, el placer de transmitir arte y pasiones desde el escenario. En casa, la música entra sin pedir permiso: zarzuela, ópera, copla, pop o las canciones de la charanga; todo cabe en una niña que convierte cada escucha en juego.

También la imagen de una pequeña Alicia con un piano de juguete y micrófono resume bien esos primeros impulsos: tocar, cantar y bailar a un tiempo. A eso se suma su fascinación por los niños artistas, los programas televisivos y los libros que su madre le muestra antes de la edad escolar. Desde el principio, su relación con el arte es intuitiva, alegre y voraz.

La disciplina del aprendizaje

La adolescencia la encuentra en el IES Fernando Zóbel, en una etapa intensa, donde la organización se vuelve imprescindible. Conservatorio, instituto, inglés, deporte y amistades conviven en una rutina exigente que la forma también por dentro. A los 9 años recibe su primera guitarra; a los 11 pide entrar en el conservatorio y pronto comienzan las audiciones, los nervios y la emoción de salir al escenario por primera vez.

Sus primeros maestros, F. Cabañas, P. P. Morante y M. Á. González, la acompañan en ese arranque profesional. En paralelo, la danza clásica y española también la marca desde los 3 años, aunque las lesiones tempranas le impidedirán seguir por la vía profesional. Esa frustración no la aparta del baile; la transforma en otra herramienta artística, útil después para la escena operística y para el trabajo corporal en las producciones.

Dos vocaciones

Hay una idea que atraviesa toda esta historia vital: el arte de cuidar e interpretar. Alicia compagina durante más de 10 años la enfermería con la música, algo que no solo exige sacrificio, sino una enorme capacidad de orden, resistencia y entrega. Su experiencia profesional en el mundo de la sanidad no queda al margen de su vida artística; al contrario, nutre su mirada y su manera de estar en el mundo. Incluso investiga, en la intersección entre ambas áreas, con trabajos sobre musicoterapia y sobre los efectos del canto coral en profesionales sanitarios. En su caso, la vocación no se entiende como elección excluyente, sino como suma de sensibilidades: cuidar y cantar, escuchar y sostener, servir y emocionar.

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Desde siempre, la música ha formado parte de la vida de Alicia.

El salto al canto lírico

El gran giro llega con el regreso a la música a través del Orfeón Ciudad de Cuenca y el proyecto Carmina Burana en 2009. Ese dulcissime de Naroa Intxausti actúa para ella como una revelación y la empuja a retomar los estudios musicales con decisión. Desde entonces, Carlos Lozano se convierte en figura decisiva: maestro, guía y compañero de un camino que ya no será solo formación, sino destino.

Alicia se forma en el conservatorio conquense, amplía estudios de idiomas y se sumerge en el repertorio lírico con disciplina creciente. En ese proceso pierde la timidez inicial y gana presencia escénica, hasta llegar a personajes como Rosina o la Reina de la Noche, con la que debuta en primer curso de la Escuela Superior de Canto de Madrid. Su canto se vuelve cada vez más técnico, libre y expresivo.

Qnk.ópera, una familia artística

Desde hace 15 años forma parte de Qnk.ópera, espacio que la ha hecho crecer como cantante y persona. Ahí aprende los llamados oficios de la ópera: regiduría, vestuario, maquillaje, escenografía, escena coral y técnica vocal. Esa formación integral y transversal le permite entender la ópera, no solo desde el rol del solista, sino a modo de engranaje completo de una producción.

En ese entorno asume diversos roles, asiste a masterclass con figuras como Teresa Berganza, María Bayo, Raúl Giménez o Isabel Rey, y trabaja con repertoristas de primer nivel. El proyecto se convierte para ella en una segunda familia, en un lugar donde la exigencia convive con el afecto y la música se vive como comunidad.

Presente y futuro

En los últimos años, Alicia consolida su salto profesional con premios, recitales y proyectos cada vez más ambiciosos. Ha cantado en escenarios muy diversos, desde la Fundación Antonio Pérez hasta la Puerta de Bisagra, pasando por conciertos con pianistas, arpistas y cardiólogos, y por experiencias especialmente emotivas como su debut en La finta semplice o su participación en Don Giovanni.

Hoy trabaja con un objetivo claro: dedicación plena al canto y la interpretación. Aborda repertorios de ópera, zarzuela, lied, oratorio y canción, mientras sueña con nuevos escenarios fuera de España. «La música me acompaña durante toda mi vida», parece resumir su propio recorrido, una sentencia que encierra lo esencial: vocación, sacrificio, ternura y fidelidad absoluta a lo que ama.

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Durante años, Alicia ha compaginado labores sanitarias con el Canto.

Alicia Sánchez Martínez (1988) inicia sus estudios de Canto en 2011 con Carlos Lozano, en el conservatorio de Cuenca y en la escuela Qnk.ópera. En 2023 los finaliza en la Escuela Superior de Canto de Madrid, con A. Rodrigo y R. Ruiz, complementados por siete años de estudios de Guitarra. Se perfecciona en clases magistrales con T. Berganza, C. Lavilla, I. Rey, Y. Auyanet, M. Bayo, R. Vargas, A. Machado, R. Giménez y E. Sagi. Debuta en 2016 como Rosina en La finta semplice de Mozart y posteriormente asume roles como la Reina de la Noche, Donna Elvira, Fiordiligi, Condesa, Vitellia, Adina y Luisa Fernanda. Ha cantado en recitales, galas y conciertos de ópera celebrados en diversos teatros y ciudades de España, y ha formado parte de agrupaciones como la Academia SMR, la Escuela Barroca Cuenca Ciudad de Música, el Orfeón Ciudad de Cuenca y la Schola Cantorum Ciudad de Cuenca. En 2024 recibe el Premio Extraordinario del Concurso de Canto Ciudad de Albacete y en 2025 el Premio Carlos Alcocer del curso de Lied y canción de Qnk.ópera

LA TRIBUNA DE CUENCA